Era una entrevista de trabajo. Era una oficina en el primer piso de un edificio antiguo de microcentro. Había una señora que estaría rondando los cuarenta años de edad y se le notaban de la misma forma que se le notaba el empeño que ponía en disimularlos. Era rubia, o tenía demasiados reflejos. Tenía la cara redonda y muy bronceada, y las uñas de las manos y de los pies arregladas en alguna peluquería de barrio. Usaba ropa muy ajustada para los 42 grados de sensación térmica que anunciaba el diario clarín que se encontraba sobre un escritorio. Además de ella había un muchacho que aparentaba unos treinta años. Tenía un aspecto un tanto artificial, seguramente por la gruesa capa de gel que le cubría el pelo negro. Ella hacía como si no estuviese allí sentado. Aunque se comportaba como si su presencia la incomodara. Me saludo de lejos y me hizo un gesto muy formal para que me sentara en una silla. Se esforzaba demasiado en demostrar autoridad, y eso era precisamente lo que se la quitaba. Sin embargo acepté la propuesta, la saludé con igual formalismo (que era bastante más de lo que requiere una entrevista de trabajo normalmente) y comencé a tratarla de usted...a pesar de los estiquers de winnie pooh que decoraban su celular con funda de plástico transparente. Ella señaló una lista de currículum que tenía desordenada sobre el escritorio. Y dijo, _"vos sos...."_"María". Completé. Lo dije con tanta seguridad y naturalidad que cuando lo terminé de decir tuve que apretar muy fuerte los labios. "yo soy maría", pensé. Y todo lo que decían esos señores que alguna vez leí cobraba infinito sentido como por arte de magia. Será así nomas. Será que mi madre me parió dos veces, primero por cesárea y después con la lengua. Que soy la que escuche que era. Lo que planearon para mi antes de que sea. Lo que anotaron una vez en un registro civil: un poco de lo que se llamó una abuela que nunca conocí, otro poco lo que se llamaba mi mamá y otro poco lo que se llamaban mis tres hermanas mayores. Soy lo que me escribían en los boletines de la primaria. Soy un continuo intento fallido de la perfección que mi papá decía que era. Soy la que se subía a la mesa a hacer monadas. Soy anécdota. Soy la desordenada, la callada hasta que entra en confianza, la que dice cosas que no tienen nada que ver con su cara... Soy todas esas, y un montón de categorías más que me inundan de pronto la memoria. Esa que la cultura y la casualidad fueron moldeando con los años. Soy resumida en un nombre que ya existía antes de que llegue a este mundo. Soy un nombre.
La señora rubia seguía hablando muy rápido y moviendo las manos. Era una bomba de ansiedad esa mujer. Abría y cerraba un paquete de marlboro con impaciencia. Era muy predecible cada movimiento que iba a hacer, cada gesto. Me divertida pensando en la expresión de la cara que hubiera puesto si el dialogo hubiera empezado distinto: _"Vos sos..." _"Una que antes de nacer ya tenía un cuarto de vida organizada por el contexto. Una que nació materia prima dispuesta a saborear todos los rincones jugosos de la existencia, y no le dieron oportunidad. Enseguidísima fue la cesárea de la sala 12, la apuesta ganada a la enfermera que esperaba un varón, la primera hija de su mamá, la cuarta hija de su papá, la primera sobrina, la primera nieta, la futura hermana... Una que no la dejaron ser esencia desordenada ni un momento. Y ahora es demasiado tarde. Ya soy plastilina manoseada. Voy a conformarme con alcanzar los limites de estas formas estandarizadas que me ofrece la sociedad, porque ahí me siento más parecida a lo que nunca fui. Más, ya sería una locura."
Nota: no quedé seleccionada para ese trabajo.
sábado 26 de enero de 2008
Entrevista de trabajo
viernes 25 de enero de 2008
En-ganarse
Las ganas me levantan despabilada de cualquier sueño (por indespertable que parezca), me despeina un poco, me pinta de linda en el espejo, me vacía de cosas la cartera y me apura pisándome los talones.
Entonces, cuando me da la gana, voy salticando pasitos rapidos... y cada tanto dejo que se me escape alguna carcajada.
jueves 24 de enero de 2008
Muerte
Ácida tentación.
Terrorífica curiosidad.
Azarosa certeza.
Olvido a conciencia.
Palabra sinsentido.
Permanente posibilidad.
miércoles 23 de enero de 2008
Es una opción nada más...
¿Y si algún día me canso de creerle a los libros que fueron escritos por gente que escuchó las teorías de unos científicos que dicen tener el saber porque lo percibieron en alguna experiencia? Yo nunca vi tales cosas que ellos dicen haber visto desde que Galileo inventó una superlente. Son mínimas las cosas que percibo del supuesto estado de las cosas. Y quien dice, capaz todos vemos torcido. Por ahora esta bien, les creo. Pero cuando me aburra... Cuando me aburra voy a creer que la tierra no tiene forma de esfera, ni de geoide, ni de nada. La tierra es tierra y se pintó de negro para que crezcan los arboles. Y los arboles son unos unos seres extremadamente altos, unos tipos gauchitos que hunden sus metros y metros de montones de piernas flacas en esta tierra, para que no nos quedemos sin sol. Porque es de imaginar que un árbol de esos de millones años, parado sobre la superficie, resulta terriblemente alto. Y si todos se pararan al mismo tiempo, la tierra estaría a la sombra... y sería terrible... el invierno nevaría de melancolía y seríamos todas caras pálidas y no se fijaría la vitamina d y la ropa tardaría en secarse y... y... Yo creo que hay que agradecerle el mismísimo sol a estos tipos, que si no se enterraran las patas... Igual, es casi seguro que cuando nadie los ve, salen a estirar un poco las piernas, a dar una vuelta mientras se fuman un pucho (que bien merecido lo tienen, todo el tiempo meta hacer fotosíntesis mientras uno fuma como un escuerzo). Y claro, cuando alguno sale a caminar a escondidas, uno dice "uyy se nublo", "mira ese nubarrón"... Pero no, en realidad son las copas de los árboles que están tan altas que no las podemos ver con claridad, y entonces parecen grises y suponemos que va a llover... ¡Y nada que ver! Eso sería una de las primeras cosas que cambiaría: la lluvia. No puede ser un fenómeno natural tan simple. ¡Esta cayendo agua del cielo! ¡Gente! ¡Abra los ojos! No se puede explicar semejante maravillosidad con un ciclo del agua que encima es siempre el mismo. ¡Si hay ciclos, que sean únicos, que no se repitan jamás! Ciclos de lágrimas que se transforman en arco iris de colores irrepetibles y ropas mojadas de amor en tormentas de verano. ¡Aceptemos de una vez por todas los relámpagos como verdaderos flashes! Si todos alguna vez los confundimos... Es probable que les hayamos gustado a alguien de otro planeta, y que nos esté sacando fotos a escondidas con cámaras igual que las nuestras (pero con mucho mas zoom, por supuesto) ¡Maldito pensamiento egocéntrico! (valga como ejemplo que yo recién me creí que le gustamos a un ser extraterrestre) ¡Maldito pensamiento egocéntrico! ¡Sólo nosotros, sólo el hombre puede inventar cámaras de fotos! Claro, es más científico decir que un "relámpago" es la ruptura del dieléctrico del aire y así terminar explicando todo, como siempre, en base a ionizaciones y diferencias de voltaje... Nosotros, los superhombres que sabemos tanto del cielo y de la tierra. Que también vamos a decir que las estrellas son plasmas(¡¡SISTEMAS!!) autogravitantes ¡Basta ya de sistemas! La estrellas son unas púberes que cuando se hace de día se van a descansar a otro lugar. Duermen todas juntas en una casa inmensa a la que llegan (ya con sus tacones en la mano y cara de primera trasnochada) gritando con voz chillona los chismes de la zona que les toco espiar a cada una. Por su parte, la luna es de otro lado. Es de un lugar que queda muy lejos de las estrellas. Pasa que claro, a uno de lejos le parece que todo está muy cerca...¡pero no! La luna es una mujer adulta que nos da la espalda. Quizás porque sea muy tímida, quizás porque no es tan bella como uno la imagina (pucha que debe ser difícil cargar con la idealización de los ojos de todos los enamorados de la tierra que suspiran al mirarla) o quizás nada tenga que ver con nosotros y nuestro superego y este mirando para el otro lado, porque allá ocurren cosas más interesantes...
lunes 21 de enero de 2008
¡Basta de mi!
Hay días que me fastidia mas de lo normal la luz del reloj-alarma que titila, la falta de aire, los mosquitos (aunque no me piquen...¿Por qué nunca me pican? ¿No les gusto?), la falta de aire, la madera del piso, las paredes, la falta de aire, la piel, toda yo apretada adentro de la piel, adentro de un cuarto. Me estorbo. Me arrancaría la piel ¡Basta de mi!¡ Me cansaste!
Me gustaría ser otra. Una con menos piel y menos paredes alrededor. Siempre quise ser de esas personas que disfrutan de estar rodeada de gente en todo momento. Me gusta la gente, me intrigan sus infinidades, empiezo a querer a la gente demasiado rápido. Pero mucho rato cerca me fastidia. Me fastidian las presencias en el silencio. Me fastidia pensar acompañada. Necesito espacio para pensar absolutamente en nada. Necesito vaciar mi alrededor ¡¡Quiero estar sola!!
Y otra vez soy acá adentro de tanta piel y de tanta pared.
viernes 18 de enero de 2008
Me quedé sin voz......... ¿sin mi?
Pocas veces fueron, o recuerdo, las que me quedé sin voz. No tiene nombre la sensación de que una burbuja de jabón se lleva lejos los sonidos cuando se nos enredan las palabras que ya no tienen ningún sentido. Sé que no me voy a quedar muda. Que es solo un momento de suspensión. Que dura lo que el corazón repleto.
Unas de las primeras que me acuerdo fue cuando me encontré cara a cara con la vida, y me dijeron que me lave las manos para sostenerla en brazos en una sala de sanatorio que olía a blanco. Pensaron que estaba celosa porque no hablaba. Pero no pude decir que no me salía la voz. Otra vez fue cuando me probé un vestido de esos de ocasión especial. Mi abuelo entró a espiar y vi como sus ojos de cielo de Córdoba se sacudían el polvo viejo acumulado y volvían a brillar como antes. Como nunca. Nos abrazamos en la distancia como jamas nos acercamos mientras entrañábamos a la misma persona. En mi vida vi unos ojos así, con tantos años, tan recién nacidos. Quise decir que se suponía que era una sorpresa y no podía verme todavía. Por supuesto que no pude.
Y otra vez dejé. Y otra canté. Y otra soñé. Y desde entonces me pasa un poco más seguido...cada vez que amo. Cada vez que arriesgo.
viernes 11 de enero de 2008
Carta de renuncia
Por la presente me dirijo a nadie para comunicarle mi renuncia ¡¡RENUNCIO!!
Renuncio al día de ayer, a lo que se me escapó de las manos, a lo que nunca agarré, a lo que no dije, a lo que no fui, a los antojos de amor de madrugada, a mojar los pies en el cielo, a llevar paraguas por si acaso, al eclipse que no vi niveréhastadentrode250millonesdeaños, a vivir para ese entonces, a la inmortalidad, a los superpoderes, a las superrazones, al olor a ruda de un patio.
Saluda atentamente (¡No!¡También renuncio a ser atenta!)
Bueno, entonces: Saluda, alguien que renunció a ser un nombre. (...que osada)
jueves 10 de enero de 2008
Recolector de arrepentimientos
José se dedicaba a recorrer cada domingo, ya que este era el día en el que mejor se trabajaba, las casas del barrio de Villa Ballester. Tocaba timbre en cada una de ellas y le pedía a la gente aquellas prendas pasadas de moda que ya no usaban, aquellos muebles viejos que ocupaban demasiado espacio, aquellos recuerdos que estorbaban en los pechos y los estomagos...decires pronunciados en los momentos en los que el silencio tenía la palabra, algunos "si" que llegaron tarde, orgullos de madera, impulsos, flores, vidrios rotos, gritos y besos mojados... José se sorprendía por la cantidad de "tenecesitonomedejes" y portazos de hasta nunca que regalaban los vecinos de Ballester con notable alivio en el rostro.
José, también los domingos, revendía por unas pocas monedas todo estas cosas en un barrio vecino donde según él, la gente era mas conservadora.
martes 8 de enero de 2008
Sala de espera
Lo que a mi me gustan son las salas de espera. Me gusta si el aire acondicionado se lleva las ganas de siesta. Me gusta la falta de esmero en la decoración que cuelga de los cuadritos. Me gusta el olor a quieto. Me gusta respirar el marrón del mimbre de los sillones que abrazan las espaldas y marcan las piernas con las cicatrices de la paciencia. Me gusta ver a la gente esperando. Me gusta que algún esperante sea mas ansioso que otro, que se pare, que camine haciendo rechillar el piso de madera y que pare al darse cuenta que su ansiedad rechillando resulta agresiva en el silencio que espera.
Lo que a mi me gustan son las salas de espera. ¿Será porque las siento un ensayo de la muerte? ¿Será porque, a diferencia de la muerte, allí tenemos certeza de que alguien nos llamará por nuestro apellido? ¿Será porque una vez leí a un señor que escribió que las pruebas de la muerte son estadísticas?
domingo 6 de enero de 2008
El alma, como el viento
A veces pienso que el alma es como el viento...
Que como el viento, nace en el movimiento y muere en la quietud.
Que como el viento, se mueve porque su alrededor se le impone, le hace frente.
Que como el viento, es invisible hasta que se pinta de gris cuando levanta el polvo del suelo - las penas del pecho. Hasta que desprende los frutos de los arboles - las carcajadas de los estómagos. Hasta que disfraza las cortinas de fantasmas panzones - los miedos de mala suerte. Hasta que derrite helados - las barreras de las pasiones...
y, de la misma forma que nos preguntamos acerca del viento, buscamos un tanto resignados una respuesta para las almas... ¿Desde donde vienen? ¿Hacia donde van? ¿Son siempre lo mismo?
martes 1 de enero de 2008
Algunas chucherías del año que se fue
Aunque un viejo año sea una convención de un ciclo redondo que se cierra, se abrocha y se guarda.
Aunque en realidad no es posible convencionar el tiempo y algunos se vuelven interminables y otros pasan tan rápido que ni alcanzan a empezar.
Aunque cuando los miro desde lejos se desabrochan, se vacían, se mezclan y combinan a gusto.
Aunque todo eso y un montón de cosas más que no tengo ganas de escribir, igual digo que este que pasó se me escurrió entre las manos mojadas. Que se me resbalaron las memorias de los dedos. Que de tanta cosa no pude agarrar nada con suficiente fuerza. Que sin embargo, disimuladamente, antes de que se vaya, me hice la que miraba para otro lado y me robé algunas risas milagrosas, una escalera amistosa, dos apretones de manos, un paraguas azul viernes, muchísimos cafés con leche de clara, algunos apuros de las seis menos cuarto, un jacarandá mojado, un pasillo de hospital que jugaba a ser estación de tren, muchas palabras que me hacen sombra los días de calor, una dedicatoria en un libro, una orilla pintada de ahora y un manojo de gentes con ojos grandes. Me guardé todas esas chucherías en un bolsillo, y me tomé el atrevimiento de dejarlo abierto... y no me da miedo que se me escapen...
