sábado 29 de marzo de 2008

Azul


Afuera está la noche vomitando estrellas.
Y yo en la luna, ni me entero.

jueves 27 de marzo de 2008

Hoy

Esta costumbre de organizar la existencia en base a meses, días, horas y medias-horas socialmente pautadas; muchas veces me hace sentir que me falta o me sobra el tiempo. Con la estúpida sensación de que me sobraban dos horas de vida, caminé hasta un bar que hay en Abasto. Caminé, no sólo porque tenía que hacer tiempo, sino porque es un lugar chico con mesitas redondas, con baldosas que dibujan caras diferentes cada vez y con un mozo que hace comentarios sobre el clima. Me senté en una mesa cerca de la puerta, en la que me pegaba lo último que quedaba del sol en la espalda y desde donde podía ver a cuatro señores mayores tomando soda y hablando fuerte sobre el cacerolazo. Pedí café en jarrito, y el mozo me lo sirvió con amaretis mientras me preguntaba si había traído conmigo un saquito, porque iba a refrescar. Hay algo nostálgico en el olor a amaretis que me incita a agarrar el ahora con todos los dedos, con todas las uñas, con todos los dientes... Abrazando con las piernas las patas delanteras de la silla, me encontré deseando que no dejen de gritar los viejos, que no se termine el café del jarrito, que no se mueva el sol de mi espalda... Y entonces ya no me sobraba el tiempo.

sábado 22 de marzo de 2008

Casa vacía

Un día salió y no volvió a entrar. Cerró la puerta y se fue, y no dejó notita, y no apagó la luz. Cuando yo llegué, él ya no estaba. Me senté en el piso a esperarlo, y esperando me acordé que yo lo había echado, que yo le había dicho que se vaya. Entonces salí también. Salí a no encontrarlo nunca. Cerré la puerta y me fuí, y no dejé notita, y no apagué la luz.

viernes 21 de marzo de 2008

Sol de marzo

_ Vas a ver que el sol se queda acá un rato más.
_ ¿Un rato, cuánto?
_ Un rato.
_ ¿Cómo sabes cuando termina el rato viejo y empieza un rato nuevo?
_ Porque te das cuenta.
_ Ah.

martes 11 de marzo de 2008

Pintar

Pintar. jugar a pintar. Dejar a los colores que se mezclen, se conozcan, se huelan, se rocen, se digan secretos, se detesten o se gusten...
El rojo se enamora del azul y juntos no son dos, son un otro distinto, un violeta de uva chinche, de noche de verano, de noche de amor malbec. Y si desparramo una pincelada en el papel... rojo, azul y papel son otro que ya nada tiene que ver con las uvas, ni con los amantes de verano. Un otro triste, frágil, que arruga la hoja sin fuerzas. Y le doy un poco más de rojo, y el sabor a moras del Bolsón me llega a los labios mientras busca el aroma a tierra del marrón. Tierra que no es cualquier tierra, tiene algo de amarillo que se amarra de las plantas de los pies y camina a paso firme. Firme de verde -dejo el pincel y sigo con las manos- como las medibachas de lana que me picaban bordo caladril en las piernas las mañanas de invierno en la escuela primaria. Invierno que en las postales se viste de blanco y tapa lo triste de los arboles pelados. Triste de celeste, que se queda dura, se congela...y se derrite, como la cubetera azul afuera del freezer en las tardes de tereré. Tereré fucsia de dulce, y con arena. Naranja de arena distraída que vuela a ningún lado. Arena que si le agrego rojo insiste y se pone terca, como si el mar le debiera algo. El mar...verde, veeeerde, veeeeeeeerdeeeeeee -me paso de los limites de la hoja, sigo con lo que hay debajo- que le trae caracoles de regalo. Los trae desde fondo, donde esconde todos sus secretos de espuma...color...espuma.

domingo 9 de marzo de 2008

Desde Maia

Maia lo sabe desde siempre. Desde que sabe que sabe.
Siempre esperó este momento que es ahora, aunque no haya pensado demasiado en ello.
Maia está en cuclillas al costado de su cama. No puede respirar bien, tiene frío y la nuca mojada. Se pelea con eso que le pasa, trata de recuperar el ritmo habitual de su respiración, de recuperar los sentidos mientras se toma fuertemente de la cama. Apenas puede ver la tierra que hay en el piso y piensa que no ha barrido debajo de la cama desde el último invierno. Se acuerda que por esa época habían empezado sus fuertes dolores de espalda y se da cuenta de que ahora, a pesar de la pose en la que se encuentra, no los siente. Se sorprende, y entonces ya no está tan pendiente del ritmo de su respiración entrecortada ni del frío exagerado para el mes de marzo. Cae en la cuenta de que este es el momento, no sabe como es que lo sabe, tampoco se lo pregunta. Se sorprende también cuando vuelve su sentido del gusto, muchismo más sensible. Se fascina explorando el sabor dulce de su saliva, degustando cada pliegue de su boca, saboreando la acidez de sus labios...una gama de colores infinitos le llena la boca. La piel le arde, pero le arde de una manera maravillosa mientras emana un aroma que no es ni de almendras, ni a jengibre...pero que a ambos se parece.
Anodadada maia por la experiencia, deja de pensar, de hacerse preguntas...abandona el miedo y siente como los brazos la desabrasan, como los pies la descalzan, como la piel se le desprende poro a poro de la sangre, y se queda desnuda. Total y completamente desnuda. Siente vértigo o ganas de arrojarse, o ambas a la vez, pero no puede tomar decisiones. No es un instante para decidir. Las cosas ya estas hechas... y solas se deshacen.
A maia la encontraron muerta en su habitación, con sangre en los pulmones, luego de haberla tragado en cantidad.


Nota: Quién intenta contar la vivencia de una muerte, como es de esperar, nunca se murió. Sepa el lector disculpar la endeblez del relato.

Tiempo al tiempo

...y la mañana me dijo bajito y con la piel recién nacida: "No te apures, que el tiempo dura lo que tardan en llegar las cosas que esperamos"

Lo dijo tan segura que le creí.