lunes 18 de mayo de 2009

El otro espejo

Su mano sobre mi cuerpo dibuja otro cuerpo que no se parece al que yo tengo.

domingo 17 de mayo de 2009

No me hables que me puedo caer

Ella abre los ojos, abandona lo inconstante, se afirma sobre sus zapatos y comienza a andar. Ella camina sola, hacia adelante, derecho, en línea recta. Y si se cruza con lo imposible lo hace a un lado. Porque así no lo ve. Porque si no lo ve, no existe. Porque si no existe, no le duele.

No-le-hables-que-se-puede-caer.

jueves 14 de mayo de 2009

Digo bajito:

No me pasa nunca. Casi.
Hoy quiero que me quieran.

lunes 11 de mayo de 2009

Aire

Busco en el fondo de las palabras y encuentro siempre lo mismo. Los mismos colores, las mismas formas, el mismo ritmo.
A veces pido prestado fondos ajenos. Me cuesta, pero a veces pido. Y cuando pido me prestan. Y cuando me prestan los despliego con cuidado hasta que dejan de ser figuras desconocidas sobre mis fondos siempre azules. Hasta que todo se desdibuja, se mueve, se confunde. Hasta que al fin, aparece la sorpresa.

Un poco de aire. Es la sopresa soplándome en la cara.

sábado 9 de mayo de 2009

mis-mas gracias

Ayer:
Pasamanos de mano en mano y ninguno para mi. Viaje de manos desagarradas. Ruedas que ruedan ansiosas. Aceleran, aceleran y de repente frenan. Sin aviso, frenan. Y como yo desagarradas de manos y con los los pies pisando desconfiada (como piso ultimamente los lugares donde todavía no tengo para agarrarme), me dejo caer sin oponerme a la fuerza de gravedad. Total está el piso, más abajo que el piso no puedo caerme. Para mi sorpresa alguien me ataja. Me ataja y le gana a la gravedad y a mis ganas de no hacer nada para dejar de caerme. Me ataja y le digo gracias. Gracias de papelón y de risa. Gracias cómplices. Esa tarde quería que me atajen y ahora tenía un cómplice.

Hoy:
Lo mismo, pero diferente. Anónima yo, anónimos cómplices.
Mismo amontonamiento, misma aceleración, misma gravedad, misma poca fuerza, misma sorpresa, misma risa, mis-mas gracias.

domingo 3 de mayo de 2009

El punto de la cuestión

La angustia se le enrosca al cuello y lo invita a morirse. El sol se pone, pero la angustia se le enrosca al cuello y lo invita a morirse.
Entonces se saca la polera que tiene que llevar en la mano y se queja del clima tropical a regañadientes.

viernes 1 de mayo de 2009

Hoy vale:


Jugar a perder, y perder y empezar de nuevo.
¿Te aburriste?