Me espejo. Jugamos a que soy su espejo y ella se mira cuando me mira. Me mira, tan hondo se mira que siento un extraño peligro y bajo la mirada. Bajo la vista de su vista y rompo la regla. Rompo mi propia consigna de jugar al espejo. Rompo el espejo y me lamento siete años de mala suerte. Me lamento, me lamento...y mientras tanto ella me espera con la sonrisa decidida, y tanto amor y tanto respeto que mi miedo a lo extraño se transforma en curiosidad y ganas de acompañarla. Entonces le devuelvo la mirada, otra vez. Ella se vuelve a ver, se sostiene con mis ojos, pestañea que gracias y después me invita a pasear. Me da la mano y me lleva a recorrer su mundo de 360º con mis pies sobre la tierra.*
Después de tanto, volvemos al salón y sigue siendo martes y sigue siendo agosto y sigue siendo una clase de teatro, pero ahora estamos distintas. Ella tiene otro espejo donde mirarse los pies sobre esta tierra y yo soy un poco más libre que antes.
* Acá me quedé sin palabras. Sólo sentires que no sé decir. Lo sentimos mucho y después volvimos.
martes 17 de agosto de 2010
Otro elogio a la locura
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