Bueno dos mil diez, chau. Llevate lo que sobra y dejame todo lo demás.
Ah, y también dejá la puerta abierta.
viernes 31 de diciembre de 2010
martes 28 de diciembre de 2010
Algo que encontré entre mis cosas de septiembre
Lo que pasa es que a mi me pasa y a vos no te pasa. Y porque a vos no te pasa, yo tengo que medir las palabras, la mirada y hasta el cuerpo. Yo me la paso midiendo el cuerpo a tu medida.
Tu medida cuando duerme me da la espalda. Y tu espalda me da la nuca. Y tu nuca huele a flores de tilo, a bolsa de nylón, a iglesia abandonada.
¿Algún día podré desenredarte de esa pálida crisálida de mariposa arrepentida que te armaste? ¿Te querrás desarmar? ¿Qué hago yo acá?
Yo acá te busco una pierna con el pie y me rindo la frente sobre tu espalda. Entonces me escuchas, y si tenés ganas asomás la cara para este lado. No me mirás, nunca me mirás, pero yo te veo los ojos tristes aunque esté oscuro. Te veo los ojos tristes cuando apoyas tu mano sobre mi pecho de corazón agitado de tanto correr debajo del agua.
jueves 23 de diciembre de 2010
País
jueves 16 de diciembre de 2010
martes 14 de diciembre de 2010
valen va...
Él es libre. Un día se va y no sabe si vuelve. Y si no vuelve se sube a un par de alas de tela metálica, vuela en el cielo que le da La Paz y después te dice que volar es como cuando estás soñando y te despertas de golpe.
Yo abro los ojos grandes pero después de un rato vuelvo los pies a la tierra y le pregunto de qué vive. Él me contesta que siembra stevia y canta. ¡Canta! Canta en los restaurantes y la gente lo aplaude. ¡Lo aplauden!
Dice que canta con poco aire porque todavía no aprendió a respirar en Bolivia, pero que optimiza en todo momento su nueva atmósfera.
A esa altura ya se dio cuenta de que está contento en todos los niveles de todos los ratos y opina que ese estado se puede mantener en cualquier parte del mundo, si uno se lo propone.
(No pudimos conectar la camarita para vernos las caras, en el manejo de la tecnología nos parecemos. Le pedí que se describiera y después de una vaga comparación con la imagen que nos dejó, dijo que se sentía cada vez más lindo. Yo me lo imagino con las manos más sucias y la sonrisa más blanca. La gente que se siente linda trasmite algo lindo.)
viernes 10 de diciembre de 2010
El pedido de serpentina
La tristeza es tan alta que canta azul y no se la oye, se la huye. La tristeza disimula el bosque pero se le ve un árbol y se arrepiente, serpiente: ¡Ay serpiente ambivalente, sacá el diente! Dejá que repentina serpentina andina toque la bocina y sea golondrina (y golosina) y ya no haya más espina masculina. Quiero una picina. Quiero agua salina para mi marina mandolina que toca celestinas capelinas cantarinas.
-POR FAVOR-
martes 7 de diciembre de 2010
Soy Patética 1:
Saliste al patio, te arremangaste los pantalones, te sacaste las zapatillas y te pusiste a regar como si nada...y hasta tuviste la desfachatez de tararear el himno a la alegría. Pero escuchame querés, mirate la piel, la tenés erizada (y con 28º de ST), ¡sentite! ¿Y las manos, te las viste? ¡Estas temblando como una hoja!
Entonces POR FIN largas la manguera y te caes de llanto al suelo como si se terminara el mundo.
Y eso que vos tomás a la gente "con pinzas", ni vos te la crees. Gila.
Soy Patética 2:
¡22:35!, te olvidaste de tomar la pastilla anticonceptiva. No tenés agua. Sacás la pastilla del blister con la intención de tragarla con saliva pero considerás el nudo que te estrangula la garganta y sospechas que jamás vas pasar la diminuta píldora amarillenta que tenés entre los dedos. Te parás. Encarás para el kiosco a comprar una botella de agua pero a los dos pasos opinás que es superfluo tomar un anticonceptivo en tal circunstancia. Además, pensas que el único riego que corrés es embarazarte en los próximos siete días fértiles de algún tipo que conozcas poco pero que quizás hasta le tomes cariño algún día...y esa podría terminar siendo tu vida impensada. Pausa. Te volvés a sentar.
Soy Patética 3:
Te sentás en un asiento de a dos y pones la mochila al lado para que no se te acerque nadie. Lloras. Después de un rato te das cuenta que la gente te mira. No te importa. Abrís la ventanilla y el viento en los ojos te tranquiliza. Sacás el celular (siguiendo un reflejo automático) y mirás si tenés algún mensaje de texto. No tenés. Volvés a llorar. Sentís muchas ganas de lanzar el aparatito por la ventanilla recién abierta pero no lo haces. Te sorprendes un poco de no haberlo hecho, ultimamente te cuesta mucho frenar los impulsos cuando estás sola. Ojalá hicieras lo mismo cuando estás acompañada...hace un rato reprimiste (mínimo) quince impulsos.
Sube un grupo de adolescentes con botellas de coca-cola cortadas y fernet. Te acordás de que mañana hay asueto y que ya no sos joven. Los varones se quedan parados al lado de la puerta y las chicas (con binchas sesentosas (¿?)) se van al asiento de atrás. Te peinas un poco el pelo pegado al llanto, y volvés al celular. Vas buzón de entrada, lees dos mensajes y lloras de nuevo, esta vez cortito. Una señora atina a sentarse al lado tuyo pero ve la mochila (o tu cara) y decide sentarse en el asiento de atrás. Vas a "buzón de entrada", seleccionas "borrar todo" y sentís un ridículo alivio cuando lees el número cero. Repetís la operación y la sensación con "enviados".
Y listo, ya está princesa, ya no esperas más nada de nadie. Lo último que esperaste fue que él se arrepintiera, retomara por Dorrego y te llevara para siempre.
Soy Patética 4
Remisero me espía por el espejo retrovisor, le debe llamar la atención mi cara de llanto de viuda de los años 50, no es para menos.
I) REMISERO: A que te tiro la justa: ¿Mal de amores?
YO: Sí.
REMISERO: ¿Qué paso?
YO: No me quiere. (me sorprendo de la respuesta, ni con el analista (!))
REMISERO: Mirá yo lo conozco a los tipos, decime qué te dijo.
YO: Uii, no sé...que está en otra...
REMISERO: Te quiere para curtir.
YO: (en voz muy baja) Ojalá.
II) REMISERO: Igual vos te tenés que quedar tranqui. Sos una minita así bien, así de que decís gracias, de que saludas bien, de que se puede tener una charla como esta, copada...y además estás buena. Con todo respeto se lo digo eh.
(Silencio. Remisero baja la velocidad y esquiva la loma de burro de Cochabamba y Matheu.)
REMISERO: ¿Vos vas a la iglesia y esas cosas no?
YO: No.
REMISERO: Ah parecía que sí...tenés cara de buenita. Igual, como te decía, no te va a pasar muchas veces que te anden así de gato, así para ponerla y listo...con todo respeto eh. Yo conozco a los hombres y vos sos una jermu para casarse.
(Vale destacar que la conversación está trascripta al pie de la letra. Desde la tercera vez que me subí al auto de mi FANTÁSTICO remisero grabo las conversaciones con el mp3, son INCREÍBLES.)
viernes 3 de diciembre de 2010
de lo inefable a ésto:
Cuando la circunstancia no te resulta lo suficientemente ajena, morirse es injusto, imposible y absurdo. Tanto que el desconcierto se te enreda en el cuero cabelludo hasta que sentís frío en la nuca, asco en la garganta, viento en el pecho, dolor en los ojos, flojedad en las manos y vacío en el resto del universo.