Lo nuevo se pliega sobre lo viejo. Estoy sentada en el mismo cordón de la misma esquina del mismo mes y no sé que decir. No sé que decirte.
Auxilio, soy feliz.
miércoles 30 de marzo de 2011
sábado 19 de marzo de 2011
martes 15 de marzo de 2011
lunes 14 de marzo de 2011
domingo 13 de marzo de 2011
sábado 12 de marzo de 2011
Aparte de silbar, enojo. Enojo en remojo mientras son las seis de la mañana. Es mañana. Ya es mañana a las seis de la mañana y todavía no me importa. No puedo silbar y que me importe al mismo tiempo; mañana será otra noche, mañana dormiré. Pero ya es mañana. Bueno, pasado, no estoy apurada. Tengo más vida que apuro y se me canta silbar sin dormir hasta pasado.
Pasado se refiere a futuro. Se supone que hay que pasar mañana para llegar al pasado, esto mismo expliqué en la cola de un cine cuando se estrenaba volver al futuro. Me fastidia tener memoria para acordarme que llovía a cántaros y que tenía puesto un jean con pitucones a florcitas celestes. La palabra pitucón opina de más. Una palabra debería experimentar la sensación de vestir pitucones a florcitas celestes en la cola de un cine para dar juicio de valor sobre tales parches. Estoy hablando de parches y estoy hablando de memoria. Y no viene al caso, yo quería hablar del futuro. Quería decir que pasado dormiré, que mañana estoy silbando y que hoy no regué las plantas. Ojalá pasado llueva sin parches, tengo tanto calor. Ahora mismo está saliendo el sol y me está escupiendo amarillo sábado en la cara. Enseguida va a sonar la alarma y no me voy a despertar. Voy a lavarme los dientes, voy a desayunar y me voy a ir a trabajar. Todavía sigo en ropa de viernes.
Tengo calor y vida y no para de amanacer. Amanecer, corrige Word. Amanacer, insisto.
jueves 10 de marzo de 2011
martes 8 de marzo de 2011
El deseo es una fabrica de muñecas
Estante. Podría ser un instante, pero es un estante. Un estante de muñecas.
Yo tengo una muñeca vestida de azul. Se llama azul y es mi más usada, mi-más ajada y mimás desparpajada. Alguna vez fue azul francia, fue le printemps, soleil, place, hamac, vent y amour y amour. Ahora es azul marino. Azul hondo de mar muerto, de mar mediterráneo o del mar de Ross, depende el momento.
Hace poco me enteré que antes de nacer iban a llamarme Azul, pero me llamaron María. A mí me gusta María. María es fácil de acordarse y además es blanco, blanco como el papel, como el papel en blanco.
Yo tengo una muñeca envuelta en papel blanco. Está escabullida porque vino así, la caja aseguraba que era muy frágil. Siempre me la imaginé de vidrio o de cristal pero nunca la abrí, se rompe. Y con lo que se rompe no se juega, ni se canta, ni se escribe. Primero porque no se puede y segundo porque si se rompe deja de existir.
Yo tengo una muñeca rota. Está rota desde que la pararon frente a un espejo. Muñeca rota cuando se mira se estira, se agranda, se esparce, se tiñe, se brilla, se fascina, se enamora, se odia, se duele, se muerde, se achica, se envejece, se desaparece, se resucita, se crece, se inmensa, se sobra, se vuelca, se falta...y así, no hay espejo que la aguante.
Yo tengo una muñeca que anda en guates. Podría ser boxeadora o cirujana, pero es muñeca. Muñeca fuerte y listo. Tiene fuerza en todas partes y sabe defender muy bien a todas las demás. Es una suerte de muñecas.
Sí, yo tengo suerte, conseguí a la muñeca que sepa coser y que sepa bordar. Se llama arroz con leche y se la pasa buscando fractales de sueños que no fueron. Cuando los encuentra (que es bastante seguido*) los atrapa entre hilos plateados, los cose en forma de manta y se tapa hasta el cuello. Arroz con leche se tapa porque siente frío, siempre siente frío. Es un frío mojado y viscoso como de noche de luna que no fue.
Y después está muñeca enamorada, muñeca pesimista, muñeca insolente, muñeca vergonzosa, muñeca creativa, muñeca sanadora, muñeca soñadora*, muñeca despistada, muñeca puta, muñeca intelectual, muñeca mandona, muñeca varonil, muñeca guerrera, muñeca mamá, muñeca boba…ellas y yo, en una casa de muñecas.
